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Archivo: Diciembre 2007

Un pobre

birlibirloque 28/12/2007 @ 10:57

Eran las nueve de la mañana y Don Gerardo, el gerente, recorrió el supermercado para comprobar que todo estaba en su sitio y cada empleado en su puesto. Parecía especialmente nervioso: en Noviembre se había facturado menos que de costumbre y, aún con la Navidad encima, las ventas no se habían estabilizado.
Sí; se le veía especialmete irascible, especialmente riguroso con la limpieza, especialmente inflexible con el uniforme de las cajeras.
Fue e media mañana cuando llamó a la puerta el comercial. Homeless SL -rezaba en la tarjeta que le entregó tras un neutro apretón de manos.
Usted lo que necesita es un pobre –afirmó el tipo con una seguridad incontestable.
¿Un pobre? –preguntó Don Gerardo
Sí, ya sabe, un... pobre -insistió el tipo.

Menudo anuncio...

birlibirloque 26/12/2007 @ 09:55

En fin...

Cercanías

birlibirloque 26/12/2007 @ 09:40

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El revisor conoció a la pareja en aquella línea de Cercanías.

A diario comprobaba sus billetes y los vio intimar en aquel tren de las ocho; los sorprendió tomándose de las manos y –fue cuestión de unos meses- achuchándose.

Le hicieron confidente de sus planes de boda; él se permitió aconsejarles sobre la letra pequeña de algunas hipotecas, les recomendó un albañil –de toda confianza- para reformar la buhardilla, muy soleada, que acabaron comprando.

Los volvió –billetes, por favor- a ver juntos ya casados. Él la hablaba, ilusionado, con la mano apoyada en su vientre; los dos le –llámenle Pablo- pidieron que escogiera nombre para la criatura.

Dos años más tarde se divorciaron. El naufragio se convirtió en una guerra.

Ella viajaba –no lo conoce, Don Mauro, es un monstruo; un verdadero monstruo- en el primer vagón y él –celosa compulsiva, Mauro; inaguantable. Ahí donde la ve usted, tan dulce- en el último.

Dígale, por favor, Don Mauro que el niño tiene anginas –le rogaba ella, ojerosa, después de una noche en vela.

Dígale, Mauro, que ya ingresé la pensión –le pedía él.

Tuvo suerte y lo acabaron destinando a una línea de largo recorrido. Allí, ni corto ni perezoso, llamó la atención a muchas parejas por hacer manitas.

Se ponía como un energúmeno.

En fin.

Un chico prometedor.

birlibirloque 21/12/2007 @ 08:56

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Carlitos aún creía en los Reyes pero -estaba claro- no confiaba en ellos. Si no, no hubiera hecho lo que hizo; si Carlitos hubiera confiado en los Reyes no hubiera secuestrado al Niño Jesús.

En el belén, San José tenía las manos levantadas al cielo como pidiendo una explicación y la Virgen miraba, desolada y meditabunda, el pesebre vacío.

Volveréis a ver al Niño si Melchor me trae la Wii -rezaba el mensaje de atropellada caligrafía que encontraron bajo la mula.

El Nacimiento cada vez estaba más alborotado. Los pastores y la lavandera se acercaron al portal para interesarse por lo ocurrido; convocaron una concentración silenciosa junto al río y regresaron mansamente a sus sitios. El centurión romano peinó con un par de legionarios musgo y cartón piedra sin ningún resultado. Melchor buscó inútilmente en sus alforjas el trasto que pedía aquel mocoso.

Despedíos del Crío si llamáis a la policía -terminaba la nota.

Dejaron la Wii junto a los zapatos.

No durmieron en toda la noche: no tenían muy claro que Carlitos cumpliera su promesa.

En fin.

Tic, tac

birlibirloque 20/12/2007 @ 15:51

  

Hubo un tiempo en que viví deprisa. Ustedes lo achacarán, sin duda, a ese ritmo frenético que nos impone la vida. Yo tampoco imaginé que el problema estaba en mi muñeca; mi reloj adelantaba estrepitosamente y me dejé la salud intentando darle alcance. 

 

Ahora vivo despacio. Ustedes pensarán que la madurez, claro, me habrá vuelto relajado y sedentario. Nunca creerían que la causa está en mi muñeca; mi Rolex atrasa.

 

Deliberadamente.


 

            En fin.

Te imagino

birlibirloque 19/12/2007 @ 20:44

Durante un tiempo viví junto a un campo de fútbol. Las tardes de domingo podía ver los encuentros que disputaban voluntariosos equipos de Regional Preferente. Un edificio más alto me impedía ver la mitad del estadio; tuve que inventar muchos goles, arriesgados avances por la banda y memorables paradas.            

Más tarde me mudé a un bloque cercano a la estación: desde su balcón podía ver los vagones apostados en las vías. Un pabellón industrial me ocultaba los andenes de los trenes de largo recorrido; intuí presurosos viajeros, emocionadas despedidas, gestos desatados y contenidos.            

Vine después a este apartamento frontero al tuyo. A diario te puedo ver deambular por la casa; leer en el salón, trajinar en la cocina. Una torre de oficinas me oculta tu alcoba; te imagino…            

En fin.

Salgo en los papeles

birlibirloque 19/12/2007 @ 10:29

No, no soy una celebridad ni un personaje pero, este año que termina, los diarios me han reservado–Pablo Barbeito acude al dentista; Barbeito se baña en la playa- un espacio en alguna -no; no le he hecho sombra a Sarkozy, ni al asesino de Virginia- de sus páginas pares.

La primera vez –Don Pablo Barbeito juega a la petanca- me sentí halagado pero bastaron un par de días para que me preguntara quién demonios me espiaba: no me sentía acosado pero me angustiaba que la prensa aireara –Pablo Barbeito de compras en el súper- mi vida privada. Por lo demás, el rotativo seguía haciendo inventario de la realidad: un viaje del Papa por Sudamérica, Castro convaleciente, el consenso en Irlanda del Norte.

Llamé a EL ECO pidiendo explicaciones. Me pasaron con un supuesto alto directivo que me atendió –claro, amigo, no volverá a ocurrir- con ese tono inconfundible que se emplea para despachar a los locos. A partir de ese momento las noticias –Barbeito bebe más de la cuenta; Barbeito tiene problemas de sobrepeso; Barbeito malgasta su sueldo- se volvieron agresivas. Las imágenes me mostraban luciendo una tripa innoble o pegado a una máquina tragaperras.

Puse el tema en manos de un abogado que –lamento no poder ocuparme de su caso…- me acompañó hasta la puerta de su despacho con esa deferencia que reservamos para los pirados.

Decidí no regalarles ni una sola imagen más y me encerré –Pablo Barbeito no ha acudido hoy a la oficina- en mi domicilio. EL ECO, sin embargo, continuó dando cumplida cuenta –Barbeito no se sabe hacer ni un huevo frito; Barbeito abusa de los somníferos- de mi vida doméstica y, el mismo día de la marea negra en Corea del Sur, me mostró en bata y zapatillas.
Ayer tarde me presenté en la redacción del tabloide, destrocé un par de ordenadores y exigí hablar con su Director: el tipo –mañana mismo, señor Barbeito, zanjamos este tema- me miró con esa sonrisa condescendiente que reservamos para los sonados y me regaló un cohiba.

Les he vuelto a llamar a media mañana; no me gusta nada la foto con que ilustran mi esquela.

Promocion Navidad

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Los coches de papá

birlibirloque 17/12/2007 @ 10:19

Papá siempre tuvo muy bien la cabeza: 

- A la chiquilla la operamos de anginas cuando compramos el Gordini -decía con una seguridad envidiable.

- Recuerdo perfectamente aquellas Navidades -rememoraba- porque tuve un golpe de lo más tonto con el Seiscientos.

- Cuando se casó Juan aún no teníamos el 124 -argumentaba, y todos nos asombrábamos del tiempo transcurrido. Fuimos -insitía- a la boda en el Milquinientos; no sé -nos miraba extrañado- cómo no os acordáis.

Cuando murió mamá malvendió el Clyo y dejó de conducir.

Físicamente está muy bien pero desde entonces -no me digan por qué- le falla cada vez más la memoria.

Fue a finales del verano; en Septiembre. Lo recuerdo perfectamente: acababa de comprarme el Ford Mondeo.

En fin.

Antes de NADA; después de TODO.

birlibirloque 14/12/2007 @ 11:27

La mayoría de los poetas que he conocido eran tipos anónimos y que, sin embargo, me desconcertaron más que Cervantes o García Márquez.

Entre esos grandes literatos destaca, sin duda, Don Jesús, el párroco de Santa Teresa.

De todo lo visible y lo invisible -decía, y yo, entonces, volvía la vista hacia mi madre, cubierta con un delicado velo negro.

Baja esa persiana, chacho, que el sol me ofende -decía mi abuelo en un castellano recio y ensortijado.

Hora del óbito -escribe una y otra vez mi amigo Antonio, el forense; una frase tan musical como siniestra.

Antes de nada -dijo el administrador en la última reunión de comunidad y nadie reparó en ese verso esencial que lo hacía candidato al Nobel.

Después de todo -dejó escapar el vecino del cuarto sin darse mayor importancia.

Ya en casa, mi mujer se queja de lo mucho que ha subido todo. Nada más tienes que ver -me dice extendiéndome la factura de Iberdrola- el precio de la luz.

En fin.

Año nuevo; vida nueva.

birlibirloque 13/12/2007 @ 09:02

Por si fuera poco él me abandonó en Agosto. Porque -créanme- era Agosto, un rotundo Agosto en todos los calendarios de la casa; en el calor que trepaba por el patio; en el sudor que empapaba mis axilas.

Aún así -o tal vez por eso- desplegué el árbol en la sala y dediqué la tarde a cubrirlo de bombillas y de lazos; rebusqué en los cajones y encontré algunos christmas; redacté cuatro o cinco felicitaciones mientras mordisqueaba un pedazo rancio de turrón 1880; pinché un CD de empalagosos villancicos.

Cené frugalmente y me aposté frente al televisor en la penumbra intermitente del árbol de plástico, en la sofocante noche de Agosto. Porque no sé si les dije ya que era Agosto; un Agosto definitivo e interminable. Agosto, sin lugar a dudas.

Tras un anuncio de compresas apareció, por fin, Ramón García presentando las Doce Campanadas.

Casi me atraganto con la primera uva.

Por fin -me dije.

Por fin.

Somos lo que no somos

birlibirloque 11/12/2007 @ 12:30

Si algo -es terrible- nos define; si algo nos delata, son nuestras carencias.

Somos -qué mundo tan extraño- lo que no somos; lo que nos falta.

Mi vecino de enfrente es, por ejemplo, calvo. Nada lo define mejor que esa rígida peluca que acentúa, aún más, lo evidente.

Manolo, el del bar, es tuerto. Nada lo individualiza mejor que ese inexpresivo ojo de cristal con el que descoloca a los clientes.

El lotero de la esquina es manco. Nada lo caracteriza mejor que ese inerte brazo de látex que asoma por la bocamanga de su gabardina.

Mi mujer, sin ir más lejos, es viuda.

Yo, ni les cuento. Es terrible; sí, terrible.

En fin.

Pasapalabra

birlibirloque 10/12/2007 @ 10:21

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Aquella tarde su hijo se presentó con un suspenso en Matemáticas. En su portafolios naranja venía el examen, una sencilla prueba sobre ecuaciones de segundo grado. La mujer, que había estudiado Exactas, se puso hecha un basilisco.

Viendo Pasapalabra se calmaron los ánimos y el niño acabó en brazos de su padre. El muchacho demostró durante el programa una desconcertante riqueza de vocabulario.

El hombre, licenciado en Filología, intentó, durante los anuncios besar a la mujer para tranquilizarla.

Ella esquivó los labios del marido

En fin.

Guau

birlibirloque 06/12/2007 @ 17:05

Aquí -no saben bien lo que me costó escanearlo- tienen al perro del vecino.

El barrio -el animal, como ven, era pura dinamita- está más tranquilo; su dueño, el pobre, desolado.

En fin.


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Hechos consumados

birlibirloque 03/12/2007 @ 10:06

El tipo, mal que bien, consumó su matrimonio.

Años después, arruinado, consumó un atraco.

Nunca me explicó por cuál de los dos delitos acabó en la cárcel.

En fin.

Por ejemplo: llueve

birlibirloque 03/12/2007 @ 09:54

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En nuestro mundo ocurren cosas increíbles. Son, paradójicamente, las más cotidianas.

Por ejemplo, llueve: mansa o furiosamente el agua cae del cielo.
Por ejemplo, nieva; cada vez menos, sí, pero de cuando en cuando nieva. Y no sé a usted pero a mí esa sustancia blanca me desconcierta.
¿Y los besos? ¿qué me dice usted de los besos? Esa costumbre de succionarse los unos a los otros con los labios; la forma, en fin, tan curiosa en que copulamos.
Y luego están las rebajas y… las escaleras: esa forma tan inquietante en que se pliega el suelo a las primeras de cambio.

Procuro no demostrar asombro. Abro el paraguas o pongo las cadenas al coche aparentando mayor contrariedad que sorpresa. Beso y me besan; me compro un abrigo en Mayo; en Octubre congelo el besugo que cenaré en Navidad.

En fin.

¿Y el fuego? ¿Qué me dice, doctor, del fuego?

Por cierto, Feliz Navidad.

 


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