Alta velocidad
birlibirloque @ 10:42
Los lunes se acercaba a la librería y empleaba toda la tarde en escoger un buen título.
A mitad de semana hacía cola en las ventanillas de largo recorrido. Allí, según la extensión del volumen, tomaba un billete de ida y vuelta con algún -León, Madrid, Córdoba- destino.
Acomodado ya en el vagón abría el libro. Mientras el relato avanzaba, el convoy cruzaba El Bierzo o sorteaba Despeñaperros.
Los años y las responsabilidades le hicieron conformarse con un abono de metro y una novela en préstamo de alguna biblioteca pública. Su mujer y sus hijos compartieron y toleraron aquellas horas eternas -"ya está bien, tesoro; volvámonos a casa"- viajando en el suburbano. Avanzaba la trama y sobre sus cabezas se extendía La Castellana o Nuevos Ministerios.
La edad aconsejó ingresarlo en una residencia. Mientras avanza la intriga deja atrás la habitación 504 y se detiene bajo una pérgola. Su nieta -chucuchucuchu...- imita, incansable, el sonido de un tren y mece la silla de ruedas.
En fin.

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